3 Domingo de Cuaresma

Carême - Cuaresma - Lent

Un nuevo éxodo, una nueva ley, un nuevo culto,
un nuevo lugar de culto y de encuentro con el Padre

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Proseguimos el camino hacia la Pascua. Jesús se ha ido revelando como Aquel que revela al Padre y que, a su vez, es revelado por el Padre. Sin esta relación mutua, la pascua ?el misterio de la cruz y de la resurrección ?, no hubiera sido posible. Padre e Hijo se han comprometido con la humanidad y, junto al Espíritu, van a llevar a cabo su plan de realizar una « nueva creación ».

La liturgia de este tercer domingo de cuaresma nos sigue ayudando a tomar conciencia de la continuidad de la revelación del misterio del Dios Trinidad desde Abraham, nuestro padre en la fe, hasta hoy. Los textos del Antiguo Testamento se van iluminando con los del Nuevo y los del Nuevo van expresando el cumplimiento de lo anunciado en el Primer Testamento.

La liturgia de este domingo sigue pues este camino. El texto del libro del Exodo (20, 1-17) -una de las versiones del Decálogo o los diez mandamientos­- empieza por una afirmación clara de Dios mismo : « Yo soy el Señor, tu Dios ». Este Dios es el Dios liberador, « el que te saqué de Egipto, de la esclavitud ». En virtud de esta liberación, Dios se convierte en Señor, Creador de su pueblo Israel, al que va a darle una ley de vida y hacer un pacto, una alianza para siempre. Dios y la humanidad estarán unidos para siempre, pase lo que pase. El Decálogo será una respuesta, un reconocimiento, una acción de gracias del pueblo ante la liberación operada por Dios : « Haremos lo que El nos mande ». Esta ley será « descanso para el alma », « sabiduría para los pequeños », « luz para los ojos » (Salmo 18).

Pero no todos van a comprender esto. Los griegos van a buscar sabiduría, adorar la ciencia ; los judíos van a pedir signos de fuerza, de poder, para creer. Jesús, dice justamente Pablo, es sabiduría y fuerza pero esta fuerza y esta sabiduría no serán reconocidas. Se dirá de ellas que son necedad y escándalo. La Pascua de Jesús será eso : necedad para unos, escándalo para otros. Y sin embargo, en el cuerpo de Jesús va a revelarse esa sabiduría y esa fuerza de Dios. (cf 2ª lectura, I Cor 1, 22-25)

Lo mismo que nos dice Pablo, nos lo va a anunciar en evangelio de Juan en torno a algo tan importante para el judío : el Templo. El antiguo templo y la antigua ley van a dar paso al Nuevo Templo y a la Nueva Ley, van a dar paso a la novedad cristiana : en esta novedad tan absoluta, el culto cristiano es un culto en espíritu y en verdad y la ley nueva será la del amor incondicional. Y tanto si se lee en este domingo esta perícopa evangélica como si se lee el capítulo 4 de Juan, el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, la revelación será la misma : Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad (Juan 4, 23-24). Jesús fué preparando a sus discípulos para ver las cosas de esta otra manera, para ver en la cruz no un escándalo sino el signo por excelencia del amor poderoso de Dios. Aceptar este signo de poder nunca será fácil. Jesús lo sabía. Y por eso quiere explicárselo a los suyos. Jesús, dice Juan, estaba hablando del templo de su cuerpo , un templo que nadie podrá destruir, ni siquiera la muerte. El cuerpo de Jesús, muerto y resucitado, será ese nuevo templo que no se podrá profanar ni destruir.

Un último aspecto que nos ofrece esta liturgia es esa indicación de Juan : estaba cerca la fiesta de la pascua . La pascua, en su origen, había sido la celebración de la liberación de Egipto, el fin de la esclavitud y el nacimiento de Israel como pueblo. Jesús se encamina hacia una Nueva Pascua. El « salió del Padre -salió del Padre como un día se le pidiera a Abrahán salir de su país natal (Génesis 12, 1...) ? y ahora, tras haber recorrido su éxodo en la tierra, vuelve al Padre » (Juan 13, 3). Es lo que Jesús está anunciando para que sus discípulos empezaran a comprender : Que El, Jesús, tiene que vivir antes de volver al Padre el paso por la muerte. Y que de este éxodo -un nuevo éxodo ? surgirá un nuevo nacimiento para toda la humanidad. Habrá ahora que abandonar toda práctica de un culto que se está disfrazando de explotación, de comercio, para entrar en el verdadero culto que solo puede hacerse desde un corazón totalmente renovado por la palabra de Jesús. El corazón del creyente, el nuestro, tiene que vivir también este éxodo : pasar de una fe con poca hondura a una experiencia verdadera de Dios y de su presencia.

Jesús será el nuevo templo. Y El habitará en el corazón de los hombres, y es allí, en ese templo humano, donde hay que encontrarle y reconocerle. En mi propio corazón y en el de todos mis hermanos. La Palabra se hizo carne y vive entre nosotros y en nosotros. La Palabra, Jesús, no vive en muros de piedra sino que se hace profundamente inmanente a cada uno de sus hijos.

Con la samaritana y con tantos creyentes a lo largo de la historia, acojamos, una vez más esta palabra de vida. Este domingo, nuestras comunidades cristianas, cada creyente, puede preguntarse : ¿Dónde y cómo estamos encontrando a Dios ? Abramos los ojos del corazón para ver al otro como lugar sagrado donde Dios habita. Démosle una sonrisa, un apretón de manos, un poco de nuestro tiempo, un gesto de cercanía amorosa, uno de esos gestos que Jesús hacía y cambiaba a las personas.

Que en este domingo demos un paso más en nuestra comprensión del misterio de Jesús, sobre todo en la acogida de su vida y de su muerte, de su destino de vida en la muerte. Y salgamos a su encuentro allí donde El está para ofrecerle el culto de los verdaderos creyentes e hijos de Dios : en espíritu y en verdad.

Cristina María, r.a.
Málaga

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