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2ndo domingo del tiempo de adviento : Sr Ana Alonso

Année liturgique 2015-2016 [C]


Segundo domingo de este tiempo privilegiado de adviento, de espera, de vivir vigilantes para recibir en nuestro corazón al Emmanuel. Invoquemos al Espíritu Santo para que nos acompañe durante el tiempo de oración. Que el don de entendimiento aliente nuestra comprensión para entender a la Palabra que viene hoy a nosotros. Para que Dios se instale en nuestra historia y en nuestra esperanza.


El relato del evangelio de Lucas comienza situando la historia y a sus protagonistas por donde desfilan desde el Emperador, al Procurador, a los dos Tetrarcas. Estos son los dirigentes políticos. También nombra a los dos Sumos Sacerdotes, es decir, a los representantes del poder religioso. Estos personajes que hacen su aparición aquí estarán presentes en otros momentos importantes de la vida de Jesús, baste recordar todo el juicio a Jesús en los días de su Pasión. El texto no dice más acerca de ellos, sólo los nombra y dice su cargo.


En medio de esta historia del mundo aparece Juan. Juan es presentado como hijo de Zacarías que se movía por el desierto y que ahí, en ese lugar, recibió la Palabra de Dios. El único título que recibe Juan es el de ser “Hijo de”. Antes en el Evangelio de Lucas (1,76) se describe a Juan como profeta del Altísimo que irá delante del Señor a preparar sus caminos. El desierto es una vez más un lugar magnifico de encuentro con la Palabra. En el Silencio del desierto resuena con una fuerza inusitada la presencia de la Palabra que se convierte en acción. Lo que recibe lo transmite, por eso es profeta. Juan se mueve por toda la región proclamado un bautismo de conversión que tiene como fin el perdón de los pecados ; el cambio.


La cita del Profeta Isaías parece un párrafo de geografía donde se describe la manera de preparar el camino del Señor. En este texto, Isaías anunciaba el regreso del pueblo del destierro hacia Palestina y lo describía como si fuese un nuevo Éxodo. Este camino es el que hay que enderezar, rellenar, rebajar y convertir lo tortuoso en llanura. Y todo esto ¿para qué ? Para ver la salvación de Dios. La salvación es un don que viene de Dios y que va a ser entregado a los hombres, es para ellos pero nunca sin ellos y es para todos. Vamos a ver la salvación de Dios en ese niño, en el Hijo, que va a nacer.


Si volvemos al comienzo de este texto y luego al final podemos caer en la cuenta, y agradecer a Dios, que viene ser Dios con nosotros, que la historia de la salvación, de hecho, se entreteje en la historia humana y en nuestra historia personal. Nos podemos preguntar y rezar si de verdad creemos que el Hijo de Dios se sigue encarnando hoy en nuestra historia. Podemos pedir fuerza para que la Salvación de Dios convierta lo escabroso y torcido de nosotros mismos y del mundo. Demos gracias también porque durante este tiempo de adviento, tiempo privilegiado, el Señor nos está recordando que viene constantemente a nuestra vida con su alianza de presencia y de amor incondicional.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca



Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6

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