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2 º Domingo del tiempo ordinario - Sr Ana Alonson

Année liturgique 2015-2016 [C]

Pidamos al Señor que su Espíritu nos acompañe para que podamos entender, comprender, rezar y vivir su Palabra.


El Evangelio es de Juan y el episodio que hoy tenemos en nuestras manos para tratar de comprender y rezar es el de las bodas de Caná. Después del encuentro con Natanael Jesús, sus discípulos y su madre María asisten a una boda. Estamos entonces en un contexto festivo, las bodas suelen evocar en nosotros buenos recuerdos. Las bodas son alegres, anuncian y celebran la vida de dos personas que deciden sellar su amor delante de Dios y delante de la gente que quieren. Además, una boda encierra el germen de nuevas vidas que llegaran en forma de hijos. Es importante ver cómo Jesús comparte con los hombres su vida : hoy toca fiesta, otro día será la muerte de un amigo, o una comida o ayudar a alguien que se lo pide con toda la fe que hay en su corazón. Jesús comparte el tiempo de los hombres. Jesús bendice con su presencia este acontecimiento, estaba allí para celebrar, como un invitado más, la alegría de otros.


En medio de la fiesta se acaba el vino. Y quién se da cuenta de que no queda vino : María. La madre de Jesús pronuncia la única frase que tenemos recogida en el evangelio de Juan : “No tienen vino”. De esta frase podemos destacar la mirada contemplativa de María, es capaz, en medio del bullicio de la fiesta, de caer en la cuenta que se había terminado el vino. Y se lo dice a su Hijo. Ve el problema y busca un remedio. La respuesta de Jesús nos puede parecer negativa pero no lo es para su madre. María, que lo conoce bien, dice simplemente “Haced lo que Él os diga”. Ella, que aceptó la Palabra del ángel para llevar en sus entrañas al Hijo de Dios. María fue la que contestó sí a la propuesta de Vida de Dios y está pidiendo obediencia a lo que su Hijo pida. Pide que escuchen y se fíen de lo que Jesús está diciendo. María está intercediendo por los hombres delante de su Hijo. Siempre es así. Jesús está dejando ver su gloria en medio de una fiesta de bodas. María sabe que su Hijo puede, si quisiera... Y se confía a él. Y mueve a los demás para que se fíen de su hijo y le obedezcan : el milagro no se hizo esperar.


Jesús actúa y el maestresala se da cuenta de que el vino bueno está llegando hasta el final de la fiesta y se lo hace saber al novio. El vino que trae Jesús al banquete y fiesta de bodas es bueno. El vino de la nueva y eterna alianza es siempre bueno. Las tinajas representan lo antiguo y el cambio del agua en vino nos anuncian el tiempo nuevo de Jesús. Tanto María como el Hijo viven su asistencia a la fiesta volcados en las necesidades y peticiones de los demás. Esto es una constante en la vida de ambos.


En la fiesta de bodas de Caná aparece el comienzo de los signos de Jesús. Este primer signo tiene un gran valor para la primera comunidad, creyeron en Él. Este signo no los dejó indiferentes. Pidamos al Señor que los signos, sus signos, no nos deje indiferentes y que sigamos sabiendo en nuestra vida de creyentes que María intercede por nosotros. Que sepamos también alegrarnos en las alegrías de las fiestas a las que somos invitados como acompañantes y testigos. Que con el salmista (Salmo 9,11) y con María podamos, en este domingo, rezar : “Confían en ti los que conocen tu nombre, pues no abandonas a los que te buscan, Señor”. El Señor, en su infinita misericordia, pone fin a la escasez de nuestra vida.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca - España



Lectura del santo evangelio según san Juan 2,1-12


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